Mostrando entradas con la etiqueta LAICISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LAICISMO. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de agosto de 2011

Manifiesto ante la visita del Papa a la "Jornada Mundial de la Juventud Católica". Madrid, Agosto de 2011



Manifiesto ante la visita del Papa a la "Jornada Mundial de la Juventud Católica". Madrid, Agosto de 2011


A pocos meses de las visitas a Santiago y Barcelona, el Sr. Ratzinger -Benedicto XVI para los católicos-, porfiando en su idea de "reconquistar" un país que ve alejarse de sus propuestas morales y religiosas, vuelve ahora a Madrid.

Desde el punto de vista del laicismo y de la democracia, nada habría que objetar a la reunión de un pastor espiritual con sus seguidores. Es evidente que, a pesar de la ambigüedad calculada de la convocatoria, la "Jornada mundial de la juventud" del próximo mes de agosto en Madrid pretende congregar a miles de jóvenes católicos en torno a las enseñanzas del papa. Un acto que, cualquiera que sea su dimensión, no deja de tener carácter privado, como privadas son las creencias y sus manifestaciones.
Lo que sí es contrario a un Estado democrático que se declara aconfesional es mezclar los asuntos del estado y asuntos religiosos, los intereses generales con los intereses privados, las instituciones que representan a todos los ciudadanos con eventos que sólo conciernen a una parte, en este caso, a quienes comparten unas determinadas convicciones religiosas.
 Por eso, resulta escandaloso que el Gobierno contribuya con 25 millones de euros -es decir, con dinero de los impuestos de todos- a la visita del papa y a la celebración de un acto confesional, a la vez que concede exenciones fiscales a las grandes empresas que han comprometido otros 25 millones. A ello hay que añadir otros muchos más que están dispuestos a aportar tanto Gobierno central como Ayuntamiento y Comunidad de Madrid sufragando otros gastos con la cesión gratuita de numerosos servicios públicos (personal funcionario, visados, transportes, fuerzas de seguridad, utilización de espacios públicos como polideportivos, colegios e institutos, etc.).
Esa desviación de recursos públicos para fines privados tiene especial gravedad en un momento en que tanta generosidad para con la jerarquía católica (que ya recibe por distintas vías en torno a los 10.000 millones de euros anuales) entra en contradicción con las duras restricciones en el gasto público y prestaciones sociales que todos estamos sufriendo bajo pretexto de la crisis económica. Del mismo modo, es inaceptable que en ese acontecimiento de carácter privado se impliquen y participen autoridades y cargos oficiales, que estarían en su derecho de hacerlo a título personal, pero nunca en representación de las funciones públicas que desempeñan en nombre del conjunto de los ciudadanos.
En este caso no vale el subterfugio de que son gastos y honores debidos a un jefe de Estado. El papa Benedicto XVI no viene en representación de los escasos habitantes del Vaticano que, por otra parte, nada tiene que ver ni por su origen ni por su configuración con un verdadero Estado democrático y de derecho. Si viene a reunirse con sus adeptos en función del liderazgo espiritual que ellos en exclusiva le reconocen, en modo alguno procede el trato oficial y de privilegio dispensado por las Administraciones Públicas. Un trato que, evidentemente, no conceden a convocatorias promovidas por ciudadanos de otras creencias o convicciones ideológicas.
Tampoco se le permitiría a ningún jefe de Estado la injerencia, incesantemente repetida por el Papa y la jerarquía católica, en asuntos políticos internos como son las propias leyes que un país se da de forma democrática (educación pública, laica, derecho a la propia sexualidad y control de la reproducción, modelos de matrimonio y familia, derecho a una muerte digna, etc.). Pues no se limitan a dar consejos morales a sus fieles, cosa legítima, sino que pretenden convertir sus particulares visiones de la moral y de la sociedad en normas obligatorias para todos.
Por eso, las personas y organizaciones abajo firmantes, manifestamos nuestro rechazo a la confusión y connivencia de las instituciones públicas con una actividad de eminente carácter privado y confesional.
Llamamos a todos los ciudadanos que, con independencia de sus convicciones personales, reivindican un marco de convivencia en igualdad de derechos, a organizar actos en defensa de la democracia y laicidad del Estado y dirigirse a las distintas Administraciones Públicas para exigirles que obren en consecuencia y dejen de otorgar privilegios propios de épocas pasadas y herencias antidemocráticas.
*NO A LA VISITA DEL PAPA FINANCIADA CON EL DINERO DE TODOS.
*SEPARACIÓN DEL PODER CIVIL Y DEL RELIGIOSO.
*DEFENSA DE LOS DERECHOS DEMOCRÁTICOS, FRENTE A LA INJERENCIA CONFESIONAL.



De mis impuestos, al Papa cero

Entidades y asociaciones adheridas

ABLESGAY-Albacete
Acción Educativa (MRPS de Madrid)
ACSUR - Las Segovias - Madrid
Agrupación Ateneísta Juan Negrín de Madrid
Albacete Laico-Europa Laica
Alicante Laico-Europa Laica
Alternativa Laica de Toledo
AMESDE (Asociación para la Memoria Social y Democrática)
Andalucía Laica-Europa Laica
Área de juventud de Izquierda Unida
Asamblea de Movimientos Sociales del FSM de Madrid
Asamblea de mujeres de Bizkaia
Asamblea Feminista de Madrid
Asociación “No nos resignamos”
Asociación Ateos y Republicanos
Asociación Colectivo Infancia
Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales
Asociación de Descendientes del Exilio español
Asociación de Transexuales de Andalucía (A.T.A.)
Asociación de Redondela polos Dereitos Humáns
Asociación Diversitat LGTBI, de Alicante
Asociación Laica de Rivas-Vaciamadrid
Asociación Laica y Republicana del Condado de Jaén
AMAL (Asociación Madrileña de ateos y librepensadores)
Asturias Laica-Europa Laica
Ateos de Albacete
Ateos en acción
Ateus de Catalunya
Attac Catalunya- Galicia-Aragón
AVALL (Asociación Valenciana de ateos y librepensadores)
Católicas por el derecho a decidir
CAUM (Club de Amigos de la Unesco de Madrid)
Círculo Poético Republicano de Burgos
Ciudad de Mujeres
Ciudadanos por la República de Cuenca
COGAM – (Colectivo LGTB de Madrid)
Col·lectiu Republicà del Baix Llobregat
Colectivo Harimaguada de Canarias
Colectivo Republicano Antonio Machado de Segovia
Colectivo Republicano de Redondela
Colectivo San Blas
Comité Oscar Romero de Madrid
Confederación Intersindical (STES-i)
Córdoba Laica-Andalucía Laica
Cristianos por el socialismo
Cuenca Laica
Cullera Laica
Democracia, Ciudadanía y República (Asturias)
Ecologistas en Acción - Madrid
En Lucha
Escuela laica de Valladolid
Europa Laica
Extremadura Entiende
Extremadura Laica-Europa Laica
FELGTB (Fed Estatal de lesbianas, gays, trans y bisexuales)
Foro Social de Madrid
Fundación María Deraismes
Girasol (Fed. Coordinadora de Asociaciones LGTB del Sur)
Granada Laica-Andalucía Laica
Grupo de Estudios Comp. Euroafricanos y Eurolatinoamericanos
Grupo Fediversa- Asociación LGBTI Algarabía IAC (Intersindical Alternativa de Catalunya) Iglesia de Base de Madrid
Iniciativa Atea
Izquierda Anticapitalista
Izquierda Republicana
Izquierda Unida Federal
Jaén Laico-Andalucía laica
Libre Pensée (Francia)
Logia Mozart del Gran Oriente de Francia
Lliga per la Laïcitat, Catalunya
Madrid Laico-Europa Laica
Málaga Laica-Andalucía Laica
MHUEL-Aragón (Movimiento hacia un estado laico)
Movimiento Laico y Progresista
MUP-Republicanos
Observatorio de la laicidad
Partido comunista de España
Partido Comunista de España (marxista-leninista)
Partido Obrero Socialista Internacional. (POSI)
Plataforma Aranjuez Laica
Plataforma de Ciudadanos por la República
Red
Laica por la Igualdad y la Diversidad
Redes
Cristianas
Sevilla Laica-Andalucía Laica
TRANSEXUALIDAD-EUSKADI
Unidad Cívica por la Republica
Unión
de ateos y librepensadores de España
Unión de Juventudes Comunistas de España
Unión Republicana Federalista-Madrid
USTEC·STEs – Catalunya

En defensa del laicismo. Sobre Iglesia y democracia en España

La agonía de Franco anuncia la inminente Transición, y en ella encontramos una Iglesia de la apertura y la reconciliación (la de monseñor Vicente Enrique y Tarancón) y una Iglesia que sigue anclada en la Cruzada (monseñor Marcelo González, monseñor Guerra Campos,...), que en ocasiones entran en abierto conflicto (“Tarancón al paredón”, solían vociferar los más energúmenos).
Muchos cristianos de base se integran en organizaciones progresistas (PCE, PSOE, CCOO, PT, ORT,...) y muchas parroquias se convierten en focos de incesante agitación obrera y democrática. Siendo imposible oponerse a la marea, la Iglesia decide nadar con ella y, de manera sincera en algunos casos y oportunista en bastantes otros, la jerarquía va dejando a un lado su histórica fidelidad al Régimen.
Y así consigue, de nuevo, posiciones de privilegio en la Constitución de 1978. En 1979 se establece el nuevo Concordato, ambiguo, confuso, inconstitucional, de nuevo beneficioso para la Iglesia y una pesada rémora para el Estado en asuntos como la enseñanza de la religión, los símbolos religiosos, la financiación de la Iglesia... Así fue que España pasó de ser una dictadura bendecida por los obispos a ser una democracia tutelada y restringida por ellos.

Desde entonces, la Iglesia no ha dejado de ser un pesado lastre para nuestro progreso social y la extensión de nuestros derechos de ciudadanía. Incluso ahora, con un nivel inédito de desafección social en nuestra historia (cada vez menos bodas y entierros religiosos, cada vez menos fieles en las iglesias, cada vez menos vocaciones en los seminarios...), sigue la Iglesia batallando por mantener sus prebendas y sabotear cualquier proyecto legislativo que ahonde en la aconfesionalidad del Estado y la autonomía intelectual y moral de los ciudadanos.

El último ejemplo de esta constante injerencia en los asuntos civiles han sido las improcedentes, inoportunas y mendaces declaraciones del papa Benedicto XVI, durante su reciente visita a Santiago y Barcelona, sobre el supuesto “laicismo galopante” en España, similar según Ratzinger al de nuestra II República... ¡Más quisiéramos algunos! Inexplicablemente, la Iglesia ha vuelto a disponer en esta ocasión de cuantiosas ayudas económicas de las instituciones públicas (o sea, del dinero de todos nosotros) para subvencionar su labor pastoral y, de paso, leernos el catecismo a los ateos, agnósticos y cristianos progresistas españoles por nuestros pecados, mientras su jerarquía sigue instalada en sus riquezas, alejada de la humildad del Evangelio, sin pedir perdón ni mostrar arrepentimiento o autocrítica alguna por sus barbaridades históricas y sus terribles atentados contra la libertad. Y para mayor escarnio, el rey Juan Carlos agradece la vista papal y la considera “un acto de generosidad”, ¡manda trillos la cosa! ¿Generosidad para con quien? ¿Para con los parados? ¿Para con los pensionistas? ¿Para con los dependientes? ¿Para con los inmigrantes? ¡Ya está bien!

Hace 35 años que este país se libró del dictador genocida que tiñó de opresión y dolor la vida de varias generaciones de españoles. Nuestra democracia está más que madura para dejar atrás tabúes, cortapisas y chantajes. Ya va siendo hora de consumar una efectiva separación Iglesia-Estado que nos libere de la tutela teocrática que ha ensombrecido la historia de España desde hace ya demasiado tiempo. Hacen falta ya la denuncia del Concordato y una Ley de Libertad Religiosa respetuosa de las creencias de todos, pero severa en su defensa de un Estado plena y consecuentemente aconfesional. ¿Tendremos que esperar aún mucho más para ver cumplidas estas legítimas y mesuradas aspiraciones cívicas?

martes, 5 de julio de 2011

NO SON MANDAMIENTOS, SON NUESTROS PRINCIPIOS

NO SON MANDAMIENTOS, SON NUESTROS PRINCIPIO

 
 
 
 
Querríamos compartir con vosotros algunos de los objetivos que nos proponemos con este blog ateo y republicano que tanta falta hacía. ¿Por qué? La razón es que no conocemos ninguna asociación que se defina como tal, que aúne las dos funciones, la de ser ateos y la de luchar por la III República y al mismo tiempo que se ocupe de la memoria de los ateos y republicanos que murieron por defender la II.

Nos proponemos abordar toda clase de temas que tengan relación con ateísmo y República. Quizá nos ocuparemos menos de las razones filosóficas que nos llevan a no creer en Dios, ya hay muchos expertos y trabajos que se ocupan de este tema. Sin olvidar que la mayor prueba de la no existencia de Dios, es la maldad de la gente que dice servirle, la crueldad de las religiones en manos de los hombres.

La Iglesia Católica, la Secta, contribuyó de manera decisiva a la exterminación de los republicanos, que defendieron el régimen legal de su país amenazado por la sublevación de unos generales felones, con la connivencia de curas y de la jerarquía eclesiástica. Fue la Santa Cruzada, que llevó a cabo el genocidio de los republicanos, que sin el apoyo de la Iglesia no hubiera podido realizarse de una manera tan devastadora. Aquí daremos testimonio de todo ello.

Nos proponemos desenmascarar todas las hipocresías que son propias a esta secta cínica y culpable de muchas muertes a lo largo de la humanidad. Actualmente, como siempre, intenta dirigir la vida pública de este país, rabiosa porque no quiere perder los privilegios que siempre tuvo, de los que goza pero que aún le parecen insuficientes.

Para que los ateos nos mantengamos informados, publicaremos escritos que denuncien las mentiras en que se basa la doctrina de la Secta. Cada vez son más los historiadores que ponen de manifiesto lo absurdo de lo que se nos ha intentado hacer creer.

También es importante mantenernos informados de la opresión que la religión ejerce sobre la mujer, su víctima propiciatoria favorita, será un tema capital para nosotros.

La importancia de la apostasía. Este acto consiste en salirse de la Iglesia, que es algo que deberíamos hacer todos los que fuimos bautizados sin nuestro consentimiento (cosa imposible de dar, debería exigirse la mayoría de edad para aplicar el bautismo) y luego no abrazamos la fe católica. Para los que somos ateos es necesario dejar constancia de nuestro desacuerdo con una institución a la que no debemos más que sinsabores, es nuestro derecho y debemos ejercerlo. Aquí daremos informaciones sobre los pasos que hay que seguir para que nos borren de sus libros y no nos cuenten entre sus seguidores, para liberarnos de hecho y derecho del yugo eclesiástico.

Alrededor del ateísmo se mueven muchos otros temas de carácter social, algunos de gran actualidad, que debemos abordar entre todos. Escribir sobre el pasado, sobre el presente, sobre el futuro. Queremos que este blog sea un espacio abierto a todo el que desee colaborar con nosotros, un sitio donde contar experiencias, recuerdos de memoria histórica, familiares. Un lugar de intercambio de ideas, donde caben las sugerencias que quieran hacerse para continuar nuestro combate por el ateísmo y por la República. Como ateos y republicanos militantes recorrer este camino hacia la verdad es una obligación.

Esperamos que todos los que lo deseen se pongan en contacto para colaborar con esta causa, ateosrepublicanos@gmail.com, para que así entre todos podamos avanzar hacia un mundo más libre.

¡Viva la República Laica!

lunes, 4 de julio de 2011

República y Laicismo

“España ha dejado de ser católica”. Esta famosa frase del discurso de Manuel Azaña, el 13 de octubre de 1931, en las discusiones parlamentarias del artículo 26 de la Constitución de la II República española, todavía resuena de forma halagüeña en los oídos de los laicistas españoles, a la vez que todavía es objeto de airado reproche por parte de muchos integrantes de la derecha política española actual.

Azaña expresó en su intervención qué entendía él por la separación de la iglesia y Estado, así como cuál debía ser su alcance. Contraviniendo la tradición hispánica del anticlericalismo feroz frente a la bota de los chupacirios, Azaña planteaba el fin radical de una idea que todavía sigue existiendo en la mente tanto de la jerarquía de esa religión como de muchos católicos presentes en la vida pública: la de que el Estado es el brazo secular y ejecutorde la Iglesia, la católica, única verdadera en España, y que por tanto el Estado es quien debe aplicar y ejercer la disciplina necesaria para el cumplimiento de los preceptos católicos a la hora de legislar y regular la convivencia social, tanto desde el poder legislativo como desde el judicial o el ejecutivo.

 
Privilegio y dominio 
 
Pero, ¿cuál era la situación de la Iglesia católica en España a la llegada de la II República, en 1931? Como es sabido, una situación de privilegio y poder, hasta los últimos capilares sociales.
 
Estaba en vigor el Concordato de 1851, por el cual la Iglesia había aceptado la famosa desamortización de Mendizábal, accediendo a la venta de los terrenos eclesiásticos, a cambio de que los beneficios se invirtieran en láminas o bonos del Estado que luego se repartieron entre el clero, al igual que aceptó que el Estado nombrara obispos directamente. Pero a cambio se admitió que la Iglesia tenía derecho a comprar todo tipo de propiedad, y que el catolicismo era la única religión de España. Además,.la Iglesia obtuvo el derecho de adoctrinar en las escuelas públicas, el de que el Estado fuese quien corriera con el mantenimiento de los templos y edificios eclesiásticos, y de que los sacerdotes cobrarían su sueldo del Estado, tal que funcionarios, aunque eso sí, con la condición jerárquica de que los obispos tuviesen una remuneración diez o doce veces mayor que los curas de pueblo.
 
Y se puede observar el importante remate, de ruptura incluso, que con esta situación de poder que tenía la Iglesia católica en España supuso la Constitución de 1931, si además de lo dicho, apuntamos otros hitos que habían supuesto, a lo largo del siglo anterior, un incremento de la libertad personal de los ciudadanos frente a la dominación de la Iglesia sobre la vida pública y  privada de los españoles. Estuvo la supresión del Tribunal de la Inquisición, en 1812-13; la proclamación de un régimen de libertad democrática, como ocurrió en 1855, 1868 o 1873, la instauración jurídica de la libertad religiosa en 1869, la tolerancia de los cultos no católicos, como se hizo en 1876, de respetar el derecho de los padres en la enseñanza o no de la religión a los hijos, en 1901.
 


 A todas estas libertades laicistas, contra las que la Iglesia se opuso con todas sus fuerzas, la Constitución del 9 de Diciembre de 1931 puso cima al proclamar la separación entre la Iglesia y el Estado, con las medidas añadidas de suprimir la financiación de la Iglesia, como hemos explicado antes, la disolución de los jesuitas y la nacionalización de sus bienes, la exigencia de autorización gubernamental para las manifestaciones públicas de culto, la secularización de los cementerios, el divorcio por mutuo acuerdo o a petición de parte alegando causa justa, y estableciendo la enseñanza laica en el ámbito estatal, aunque reconociendo a la Iglesia a impartir instrucción doctrinal en sus establecimientos. 
 
Y en cuanto a las órdenes religiosas, como antes decíamos, aparte de los jesuitas, al resto se las sometió a una ley específica, por la que se disolverían aquellas que en un momento dado pudieran constituir un peligro para la seguridad del Estado, además de que las aceptadas estarían en un registro especial, y además no podrían adquirir o conservar más bienes que los destinados a vivienda o al cumplimiento estricto de sus actividades religiosas. A esto se sumaba la prohibición de ejercer la industria y el comercio, así como su sumisión, como el resto de entidades constituidas, a las leyes tributarias corrientes, y con la obligación de rendir cuentas al Estado de sus posibles inversiones en bienes de uso.
 
Evidentemente, los logros conseguidos por la Segunda República en su Constitución y en  el primer bienio de gobierno quedaron reducidos con los gobiernos conservadores republicanos y destruidos con la dictadura, muy bien llamada nacional católica, del general Franco. Tras la recuperación de las libertades formales tras la muerte natural del tirano, todos conocemos la situación actual.
 
Y el republicanismo sigue pidiendo la separación del Estado, sin religión oficial, de las iglesias, de todas, pues precisamente, el reto actual se duplica, pues no sólo hay que hacer frente a los privilegios económicos y educativos, fiscales, etc., de la entidad católica, sino que la nueva conformación de la sociedad que está teniendo con la llegada de grupos importantes de personas de otras religiones que se hacen ciudadanos españoles o lo quieren ser, plantea la presencia de varias religiones que quieren homologarse con la religión católica y también exigen sus privilegios.
 
______________________________________________________

¿Qué es el laicismo?
 
Ante esta situación es conveniente volver a la definición del laicismo desde el punto de vista del republicanismo tal como se está planteando hoy en día, a la luz de la realidad actual.
 
El laicismo es la afirmación de la supremacía del poder civil democráticamente elegido frente a las interferencias de los poderes privados religiosos y  económicos o cualesquier otro que busque o sea un poder decisorio, lo que conlleva aparejado un instrumento crucial para que ese laicismo republicano sea una columna central del edificio social, y este es la instrucción pública en todos sus niveles escolares entendida como  formación integral de la ciudadanía.
 
Las definiciones más actuales del republicanismo apuntan a una idea básica de libertad positiva, que es la no dominación, es decir, nadie puede ser esclavo, ni de quien le proporciona empleo, ni de su marido ni de su religión, a pesar de toda la aquiescencia que quiera prestar a esa situación de dominio.
 
Eso implica la intervención racional, por parte del poder elegido democráticamente, para regular la convivencia entre unas y otras formas de entender la vida en comunidad, en este caso entre las basada en la razón y aquellas que se asientan en lo irracional y arbitrario, y para ello es obvio que sólo lo puede hacer desde el laicismo, es decir, rechazando las interferencias de esos poderes religiosos, que quieren imponer cadenas y débitos a sus fieles, no sólo por medio de sus doctrinas y creencias particulares, sino a través de todo el peso y poder del propio Estado.
 
Ante esto, el laicismo republicano propone no sólo la neutralidad del Estado frente a las confesiones religiosas, dejándolas hacer sin más, sino acciones necesarias de aquel para que el poder, no sólo de la religión mayoritaria, sino del resto de ellas, vea obstaculizado su crecimiento, con el fin de que su capacidad de interferencia sobre los poderes civiles y sobre la sociedad sea decreciente en lugar de verse en aumento, alimentado por los diversos poderes municipales, autonómicos y estatales. Es obvio que, comenzando por el poder de la iglesia católica, queda un largo trecho para el laicismo republicano en España.